Juan Luis Bandrés Souto Juan Luis Bandrés Souto

📝 La idea de juego de Pellegrino Matarazzo

Un recorrido táctico por la idea de juego de Pellegrino Matarazzo, desde sus estructuras hasta los principios que definen a sus equipos, analizando sus comportamientos con y sin balón y su capacidad para adaptarse a distintos contextos.

La llegada de Pellegrino Matarazzo a la Real Sociedad abre una nueva etapa que invita a analizar con calma quién es el entrenador que aterriza en San Sebastián y qué tipo de idea ha desarrollado en sus últimas experiencias. Sus pasos por el VfB Stuttgart y el TSG Hoffenheim permiten identificar una propuesta reconocible, con principios claros, pero también con una notable capacidad de adaptación a contextos y perfiles distintos.

3-4-3 - Fase de construcción en Hoffenheim.

Para contextualizar el punto de partida, es útil apoyarse brevemente en los datos. Para ello, se han tomado únicamente las temporadas que Pellegrino Matarazzo completó íntegramente al frente de sus equipos, concretamente las 2020/21 y 2021/22 en Stuttgart y la 2023/24 en Hoffenheim. El radar de estilo muestra a un entrenador que no prioriza la posesión por sí misma, sino la progresión. Sus equipos destacan por la cantidad de metros que avanzan por posesión y por una clara orientación a jugar hacia delante. La verticalidad es una constante y no un recurso puntual. A nivel ofensivo, los números acompañan esa idea, con conjuntos capaces de generar por encima de la media y con una producción goleadora elevada, especialmente en Hoffenheim, donde el equipo terminó entrando en puestos europeos. Ese carácter ofensivo, como contrapartida, implica asumir riesgos y aceptar que en determinados contextos se sufra atrás.

Radar de estilo en Hoffenheim y Stuttgart - 23/24 vs 20/21 y 21/22 - Driblab

Más allá de los datos, Matarazzo se define por su capacidad de adaptación. No es un entrenador condicionado por un único dibujo, sino por una serie de principios que se mantienen más allá de la estructura. En Hoffenheim trabajó habitualmente con sistemas de línea de tres, mientras que en Stuttgart también hizo uso de línea de cuatro. Más que el dibujo inicial, lo relevante es su capacidad para modificar la estructura según la zona del campo y el contexto, siempre con una clara orientación a progresar y jugar hacia delante.

Es un entrenador que en la salida de balón y en los primeros inicios en campo propio muestra diferentes variantes y registros, alternando fases más combinativas con otras en las que opta por un juego más directo, siempre con una clara orientación a progresar y avanzar metros. En su etapa en Hoffenheim, aunque el sistema parta de una estructura con tres centrales, se le ha visto capaz de construir con una línea de cuatro en salida en diversas situaciones, con uno de los centrales pasando a actuar como lateral y dando amplitud desde atrás con dos centrales abiertos, manteniendo al doble pivote bien marcado por delante como referencia interior (Imagen 1 y 2 - Inicio 4 + 2). En esas situaciones, aparece con frecuencia la posibilidad de utilizar a uno de los mediocentros como tercer hombre, combinando por dentro para generar ventajas y dejar a los centrales en situaciones más favorables desde las que progresar. Otra variante que hemos visto es la incorporación del portero entre los tres centrales (Imagen 3), ganando un jugador más en primera línea y generando superioridad numérica en salida, asumiendo riesgos ante la presión rival. Más allá de la forma concreta, estas situaciones reflejan a un entrenador que dispone de variantes y distintos registros en esta fase, siempre con una clara orientación a jugar hacia delante.

En fase de construcción y ataque posicional en su etapa en Hoffenheim, Matarazzo partió habitualmente de estructuras como el 3-4-3 (Imagen 1), con varios jugadores ocupando zonas interiores y dos carriles encargados de dar amplitud. A partir de ahí, en campo rival el ataque se apoya en la movilidad y en la combinación de apoyos y rupturas. Es habitual ver a uno de los jugadores de ataque bajar a recibir para atraer y fijar, mientras otro compañero ataca el espacio liberado, ya sea otro jugador ofensivo, un mediocentro llegando desde segunda línea o un carril atacando la profundidad (Imagen 2). Estos intercambios posicionales aparecen de forma recurrente y reflejan una idea clara, con muchos jugadores preparados y mentalizados para atacar la espalda de la defensa y los espacios que se van generando durante la acción. En su etapa en Stuttgart, más allá del dibujo concreto, se observaron comportamientos similares. Fue habitual ver rupturas de los extremos hacia dentro, atacando intervalos interiores y la espalda de la defensa (Imagen 3), mientras los laterales sostenían la amplitud por fuera. Desde esa coordinación entre apoyos, rupturas y ocupación de espacios, los equipos de Matarazzo encontraban vías para progresar y generar ventajas en campo rival, manteniendo una idea reconocible pese al cambio de contexto y estructura.

Esa acumulación de jugadores en zonas interiores y en la última línea rival provoca fijaciones constantes por dentro, un aspecto que los equipos de Matarazzo manejan con mucha precisión. A partir de esas fijaciones interiores, aparece con frecuencia la opción de sacar el balón hacia fuera (Imágenes 1 y 2), donde el papel de los carriles adquiere una importancia clave como encargados de sostener la amplitud y estirar al rival. En muchos momentos, el juego interior sirve para atraer y fijar defensores para después liberar los espacios exteriores que atacan los jugadores de banda, que actúan de forma muy profunda hasta línea de fondo. Todo ello desemboca en una gran ocupación del área, un aspecto muy trabajado y claramente reconocible tanto en Hoffenheim como en Stuttgart. En situaciones de centro, es habitual ver llegar a los delanteros, a mediocentros desde segunda línea y al carril del lado contrario atacando zona de remate, lo que convierte cada acción lateral en una amenaza real (Imágenes 3 y 4) y refuerza esa idea de atacar con muchos jugadores y provocar situaciones cerca del área rival.

Más allá de la forma concreta, todo lo anterior refleja a un entrenador que adapta su estructura y su manera de avanzar según el contexto. Matarazzo alterna distintos registros, desde fases más combinativas hasta momentos de juego más directo, siempre con la intención de instalar al equipo en campo rival, competir la segunda jugada y provocar situaciones cerca del área. La idea de fondo es constante: avanzar metros, jugar hacia delante y utilizar cada recurso como medio para ese objetivo.

La verticalidad también se manifiesta con fuerza en las transiciones. Siempre que existe la posibilidad de correr, los equipos de Matarazzo lo hacen (Imagen 1). Hay jugadores preparados para descolgarse y atacar el espacio tras recuperación y no se busca pausar cuando el contexto invita a acelerar. Esta mentalidad ofensiva explica la relevancia de la presión tras pérdida. Al atacar con muchos jugadores y ocupar zonas altas, recuperar rápido se vuelve fundamental para sostener el modelo (Imagen 2). Cuando esa presión no es efectiva y el rival consigue superarla, el equipo queda expuesto y puede conceder situaciones de peligro.

Sin balón, el comportamiento vuelve a estar muy ligado al contexto y a la capacidad de adaptación del equipo. En su etapa en Hoffenheim, Matarazzo mostró que puede ser muy agresivo en bloque alto en determinados momentos, especialmente en reinicios del rival como saques de puerta o primeras circulaciones. En esas situaciones, el equipo fue capaz de igualar prácticamente las marcas en campo rival, asumiendo riesgos y aceptando escenarios de igualdad en última línea (Imagen 1 y 2), con el objetivo de incomodar desde el inicio. En muchas secuencias, además, se observó la intención de orientar la presión hacia zonas concretas, como los costados, para a partir de ahí morder sobre el poseedor. En este tipo de escenarios, los carrileros solían situarse en alturas intermedias, preparados para saltar cuando el balón llegaba a su lado.

Cuando el contexto lo requería, el equipo también se sentía cómodo defendiendo en bloque medio, organizándose con una línea de cinco en estructuras como 5-2-3 (Imagen 1) o 5-3-2. Desde ahí, priorizaba la protección de zonas interiores y mantenía un bloque compacto, reaccionando de forma coordinada ante estímulos como un pase atrás o una circulación hacia banda (Imagen 2 y 3 - Bloque medio a bloque alto). Esa capacidad para alternar alturas defensivas sin perder coherencia vuelve a reflejar a un entrenador flexible, capaz de ajustar su comportamiento sin balón según el momento del partido.

En su etapa en Stuttgart, aunque el contexto y los perfiles eran distintos, se pudieron observar comportamientos similares sin balón. El equipo llegó a organizarse en un 4-4-2 en fase defensiva, mostrando de nuevo esa capacidad para alternar registros. Desde ahí, combinó fases de presión más alta en reinicios del rival con otras en las que se defendía en bloque medio. La activación de la presión aparecía de forma coordinada ante determinados estímulos, como un pase atrás o una circulación hacia banda (Imagen 1 y 2), repitiendo patrones de salto colectivo más allá del sistema utilizado.

Pellegrino Matarazzo llega a la Real Sociedad como un entrenador de clara vocación ofensiva, con una idea basada en progresar antes que en tener el balón por tener. Sus equipos buscan avanzar metros y jugar hacia delante siempre que el contexto lo permite, con una verticalidad marcada y una mentalidad preparada para atacar la profundidad cuando aparece la oportunidad. Su trayectoria reciente muestra a un técnico capaz de variar estructuras y registros sin perder coherencia en los principios. En la salida de balón le hemos visto trabajar con salidas de cuatro y un doble pivote muy marcado, pero también con línea de tres en determinados contextos. En ataque posicional, especialmente en Hoffenheim, fue más reconocible la construcción a partir de una línea de tres, mientras que en Stuttgart también se le vio desarrollar ataques asentados desde estructuras de línea de cuatro. A ello se suma su capacidad para ser agresivo sin balón en determinados momentos, asumiendo riesgos en bloque alto y aceptando escenarios de igualdad atrás cuando el partido lo exige. En el último tercio aparece uno de los rasgos más reconocibles de sus equipos, la ocupación del área. Tanto en Hoffenheim como en Stuttgart, los ataques se caracterizaron por llegar con muchos jugadores a zonas de remate, combinando puntas, mediocentros de segunda línea y jugadores del lado contrario, convirtiendo cada acción lateral en una amenaza real. Con estos principios como base, la llegada de Matarazzo a la Real Sociedad dibuja un punto de partida claro, un entrenador ofensivo, vertical y flexible, cuya propuesta buscará adaptarse al contexto y a los perfiles de la plantilla para seguir construyendo un equipo capaz de progresar y provocar situaciones en campo rival.

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Juan Luis Bandrés Souto Juan Luis Bandrés Souto

📝 Cómo afrontó la Real el partido ante el Villarreal

Analizamos en profundidad el Real Sociedad – Villarreal, repasando cómo se desarrolló el partido con y sin balón, las ideas de la Real para atacar el bloque del rival, el papel de Gorrotxategi en distintos momentos, las zonas donde más daño se intentó generar y la presión alta que marcó parte del encuentro. Un análisis completo para entender qué pasó y por qué.

La Real Sociedad llegaba en buena dinámica al partido y el Villarreal lo hacía como tercer clasificado antes de empezar la jornada, tras encadenar cuatro victorias consecutivas en liga y mostrando una capacidad enorme para castigar a sus rivales con muy poco. Fue un partido serio de la Real ante un equipo con muchas virtudes, entre ellas un comportamiento sin balón muy trabajado que exigía claridad en el plan con balón desde el primer minuto.

Con balón, la Real salió muy propositiva en esta primera mitad, introduciendo variantes claras para atacar el 4-4-2 defensivo del Villarreal. Gorrotxategi se lateralizó y actuó como central derecho con balón, formando una línea de tres junto a Jon Martín y Aritz. Esta decisión generaba una superioridad inicial frente a los dos puntas rivales en primera línea y permitía que Aramburu o Sergio Gómez ganaran altura desde muy pronto. Con los laterales fijando en amplitud, Kubo y Guedes ocuparon zonas interiores, intentando aparecer en los cuadrados que se generan entre central, lateral, extremo y mediocentro. Estos cuadrados son pequeños espacios que, en ese 4-4-2, resultan especialmente peligrosos porque no solo permiten fijar por dentro a los jugadores rivales, sino que obligan tanto a la línea defensiva como a la de medios a plantearse quién debe hacerse cargo del jugador que aparece en ese espacio. Son zonas que generan confusión en las referencias y, si consigues recibir ahí, no solo puedes forzar pequeños desajustes en la estructura rival, sino también superar una línea y activar ventajas inmediatas. La Real buscó ocupar estos espacios y, aunque el Villarreal cerró bien muchos de esos accesos, en algunas acciones se logró conectar con Kubo por dentro o jugar fuera para volver a entrar. Para mí, en determinados tramos faltó un poco más de ritmo en la circulación para desordenarles, ya que con más velocidad en mover el balón o girar hacia el lado contrario podían aparecer esos pequeños huecos que este tipo de estructuras tienden a conceder cuando deben bascular repetidamente.

1-3-4-3 · Ocupación de cuadrados

El equipo estuvo bien con balón, paciente y con claridad para progresar, llegando incluso a generar alguna ocasión mediante rupturas como las de Guedes o acciones de Kubo entre líneas. Aun así, la profundidad no apareció con tanta continuidad. Con Sadiq como referencia en área, podía haber tenido incluso más peso alguna llegada adicional de los carriles para cargar el área, ya fuera a través de rupturas más insistentes o de ataques más directos al espacio exterior. La amplitud existió, los medios se ofrecieron bien para dar continuidad a la jugada, pero en momentos determinados faltó un punto más de ritmo para generar ventajas más limpias.

En fase ofensiva, la Real buscó más el costado derecho durante todo el partido. En esta primera mitad vimos varias secuencias de fuera-dentro entre Aramburu y Kubo, con Brais interviniendo también en esa zona para ofrecer apoyo interior y dar continuidad a las asociaciones. La sensación es que la Real orientó parte del plan hacia ese sector, posiblemente al detectar que podía ser una zona algo más vulnerable para el Villarreal. Pedraza, pese a su nivel, es un jugador que suele tener más dificultades en términos defensivos, y además era el único lateral puro dentro del 4-4-2 sin balón, ya que con pelota el Villarreal actúa con tres centrales y él gana mucha altura como carrilero. Puede que, por ese motivo, la Real buscara amenazar con más frecuencia por ese perfil, intentando generar superioridades por fuera y tratar de hacer daño desde ahí, algo que tenía sentido ante un bloque tan trabajado como el del Villarreal.

Secuencias fuera–dentro

Al final del primer tiempo, Gorrotxategi volvió al pivote con balón, devolviendo al equipo a una línea de cuatro en fase ofensiva. Ese ajuste dio más libertad a Brais y a Soler, que pudieron pisar zonas más avanzadas y sumar creatividad en el último tercio. Con esta estructura, la Real fue más vertical, más directa y con más presencia en zonas de remate. A partir de ahí, vimos a un Aramburu más pronunciado que Sergio Gómez, que se mantuvo más contenido en el sector izquierdo, probablemente para contener posibles transiciones teniendo a Buchanan en esa banda. La Real insistió con claridad en sobrecargar el costado derecho: Gorrotxategi, aun actuando como pivote, se lateralizaba hacia ese perfil para permitir que Aramburu ganara altura y así acumular allí a Kubo, Brais, Soler y el propio Aramburu. En varias acciones, el propio Brais también cayó a esa zona para ofrecer una salida más limpia en los primeros toques y dar continuidad a las combinaciones. Estas sobrecargas fueron recurrentes y, en varios tramos del segundo tiempo, lograron generar acciones de peligro y hacer sufrir a Pedraza cuando la Real consiguió acelerar por ese lado, hasta el punto de que incluso pudo terminar expulsado.

Sobrecargas en sector derecho

Sin balón, el equipo compitió con mucha solvencia. El Villarreal, con posesión, pasaba de su 4-4-2 defensivo a un 3-4-3, con Pedraza muy alto y Moleiro apareciendo por dentro. Para controlar esos movimientos, la Real formó una línea de cinco en muchos tramos, con Gorrotxategi incrustándose en esa línea para vigilar de cerca a Moleiro y evitar que recibiera con comodidad. En los inicios estáticos desde portería, el Villarreal sí podía hacerlo con cuatro atrás, y ahí la Real ajustó muy bien su presión: Sadiq y Kubo se encargaban de los centrales y Aramburu ganaba altura en una posición intermedia que le permitía, en cuanto Kubo saltaba, atacar con agresividad al lateral rival. Cuando el Villarreal ya tenía montada su línea de tres, Kubo se emparejaba con el central izquierdo, Guedes con el derecho y Sadiq con el central del centro. A partir de ahí, la Real orientaba bien y saltaba con mucha agresividad cada vez que uno de los centrales exteriores recibía o ante cualquier pase atrás. Fue, en mi opinión, una presión excelente durante muchísimos tramos del partido, con una coordinación muy alta entre líneas y una gestión brillante de esas alturas intermedias por parte de Aramburu, como se vio en la acción del gol. Esta agresividad colectiva también se refleja en el dato: la Real firmó un PPDA de 6, es decir, permitió únicamente seis pases del Villarreal por cada acción defensiva propia. Es un valor bajísimo, propio de equipos que presionan muy alto y muy bien, y resume a la perfección el trabajo del equipo sin balón. Gracias a ello, se produjeron numerosas recuperaciones en campo rival. El gol de Soler nace precisamente de una de estas acciones: Guedes orienta al portero, Kubo salta con decisión y Aramburu llega rápido para ir a por el lateral rival, forzando entre todos el error que acaba en el 1-0. El segundo gol también aparece tras una recuperación alta de Goti que termina en falta. Al final, los tantos encajados llegan por detalles puntuales: una ayuda que no llega, una pérdida castigada y una acción a balón parado aislada, más que por problemas estructurales en el bloque defensivo.

1 - 2 · Presión alta de la Real Sociedad - Gol de Carlos Soler

En el primer gol encajado, la ruptura de Pedraza llega por la zona de Kubo. Él ve la acción en todo momento y, para mí, podría haber sido él quien siguiera esa carrera, porque la jugada le entra por su sector y era defendible desde su posición. Dicho esto, una vez Kubo no acompaña la acción, también creo que Gorrotxategi podría haber salido un poco antes a esa cobertura, ya que la jugada dejaba cierto margen para ajustar ese movimiento.

0 - 1 · Villarreal

En líneas generales, la Real compitió de una manera muy seria ante un rival del nivel del Villarreal, que a día de hoy está solo a dos puntos del líder y atraviesa uno de los mejores momentos de su temporada. El equipo mostró argumentos con balón para instalarse arriba, aplicó ajustes que le dieron más verticalidad en la segunda mitad y, sin balón, mantuvo una presión coordinada y valiente que explica buena parte de las recuperaciones en campo rival. Más allá de esos detalles puntuales que terminan decidiendo el marcador, la sensación es que el camino es bueno y que el equipo sigue puliendo aspectos importantes. Cada vez se reconocen más patrones, y Sergio Francisco está demostrando que maneja diferentes registros según el contexto, alternando planes y variantes que están haciendo que la Real sea un equipo más completo, más competitivo y mejor preparado para este tipo de escenarios.

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