📝 La idea de juego de Pellegrino Matarazzo

La llegada de Pellegrino Matarazzo a la Real Sociedad abre una nueva etapa que invita a analizar con calma quién es el entrenador que aterriza en San Sebastián y qué tipo de idea ha desarrollado en sus últimas experiencias. Sus pasos por el VfB Stuttgart y el TSG Hoffenheim permiten identificar una propuesta reconocible, con principios claros, pero también con una notable capacidad de adaptación a contextos y perfiles distintos.

3-4-3 - Fase de construcción en Hoffenheim.

Para contextualizar el punto de partida, es útil apoyarse brevemente en los datos. Para ello, se han tomado únicamente las temporadas que Pellegrino Matarazzo completó íntegramente al frente de sus equipos, concretamente las 2020/21 y 2021/22 en Stuttgart y la 2023/24 en Hoffenheim. El radar de estilo muestra a un entrenador que no prioriza la posesión por sí misma, sino la progresión. Sus equipos destacan por la cantidad de metros que avanzan por posesión y por una clara orientación a jugar hacia delante. La verticalidad es una constante y no un recurso puntual. A nivel ofensivo, los números acompañan esa idea, con conjuntos capaces de generar por encima de la media y con una producción goleadora elevada, especialmente en Hoffenheim, donde el equipo terminó entrando en puestos europeos. Ese carácter ofensivo, como contrapartida, implica asumir riesgos y aceptar que en determinados contextos se sufra atrás.

Radar de estilo en Hoffenheim y Stuttgart - 23/24 vs 20/21 y 21/22 - Driblab

Más allá de los datos, Matarazzo se define por su capacidad de adaptación. No es un entrenador condicionado por un único dibujo, sino por una serie de principios que se mantienen más allá de la estructura. En Hoffenheim trabajó habitualmente con sistemas de línea de tres, mientras que en Stuttgart también hizo uso de línea de cuatro. Más que el dibujo inicial, lo relevante es su capacidad para modificar la estructura según la zona del campo y el contexto, siempre con una clara orientación a progresar y jugar hacia delante.

Es un entrenador que en la salida de balón y en los primeros inicios en campo propio muestra diferentes variantes y registros, alternando fases más combinativas con otras en las que opta por un juego más directo, siempre con una clara orientación a progresar y avanzar metros. En su etapa en Hoffenheim, aunque el sistema parta de una estructura con tres centrales, se le ha visto capaz de construir con una línea de cuatro en salida en diversas situaciones, con uno de los centrales pasando a actuar como lateral y dando amplitud desde atrás con dos centrales abiertos, manteniendo al doble pivote bien marcado por delante como referencia interior (Imagen 1 y 2 - Inicio 4 + 2). En esas situaciones, aparece con frecuencia la posibilidad de utilizar a uno de los mediocentros como tercer hombre, combinando por dentro para generar ventajas y dejar a los centrales en situaciones más favorables desde las que progresar. Otra variante que hemos visto es la incorporación del portero entre los tres centrales (Imagen 3), ganando un jugador más en primera línea y generando superioridad numérica en salida, asumiendo riesgos ante la presión rival. Más allá de la forma concreta, estas situaciones reflejan a un entrenador que dispone de variantes y distintos registros en esta fase, siempre con una clara orientación a jugar hacia delante.

En fase de construcción y ataque posicional en su etapa en Hoffenheim, Matarazzo partió habitualmente de estructuras como el 3-4-3 (Imagen 1), con varios jugadores ocupando zonas interiores y dos carriles encargados de dar amplitud. A partir de ahí, en campo rival el ataque se apoya en la movilidad y en la combinación de apoyos y rupturas. Es habitual ver a uno de los jugadores de ataque bajar a recibir para atraer y fijar, mientras otro compañero ataca el espacio liberado, ya sea otro jugador ofensivo, un mediocentro llegando desde segunda línea o un carril atacando la profundidad (Imagen 2). Estos intercambios posicionales aparecen de forma recurrente y reflejan una idea clara, con muchos jugadores preparados y mentalizados para atacar la espalda de la defensa y los espacios que se van generando durante la acción. En su etapa en Stuttgart, más allá del dibujo concreto, se observaron comportamientos similares. Fue habitual ver rupturas de los extremos hacia dentro, atacando intervalos interiores y la espalda de la defensa (Imagen 3), mientras los laterales sostenían la amplitud por fuera. Desde esa coordinación entre apoyos, rupturas y ocupación de espacios, los equipos de Matarazzo encontraban vías para progresar y generar ventajas en campo rival, manteniendo una idea reconocible pese al cambio de contexto y estructura.

Esa acumulación de jugadores en zonas interiores y en la última línea rival provoca fijaciones constantes por dentro, un aspecto que los equipos de Matarazzo manejan con mucha precisión. A partir de esas fijaciones interiores, aparece con frecuencia la opción de sacar el balón hacia fuera (Imágenes 1 y 2), donde el papel de los carriles adquiere una importancia clave como encargados de sostener la amplitud y estirar al rival. En muchos momentos, el juego interior sirve para atraer y fijar defensores para después liberar los espacios exteriores que atacan los jugadores de banda, que actúan de forma muy profunda hasta línea de fondo. Todo ello desemboca en una gran ocupación del área, un aspecto muy trabajado y claramente reconocible tanto en Hoffenheim como en Stuttgart. En situaciones de centro, es habitual ver llegar a los delanteros, a mediocentros desde segunda línea y al carril del lado contrario atacando zona de remate, lo que convierte cada acción lateral en una amenaza real (Imágenes 3 y 4) y refuerza esa idea de atacar con muchos jugadores y provocar situaciones cerca del área rival.

Más allá de la forma concreta, todo lo anterior refleja a un entrenador que adapta su estructura y su manera de avanzar según el contexto. Matarazzo alterna distintos registros, desde fases más combinativas hasta momentos de juego más directo, siempre con la intención de instalar al equipo en campo rival, competir la segunda jugada y provocar situaciones cerca del área. La idea de fondo es constante: avanzar metros, jugar hacia delante y utilizar cada recurso como medio para ese objetivo.

La verticalidad también se manifiesta con fuerza en las transiciones. Siempre que existe la posibilidad de correr, los equipos de Matarazzo lo hacen (Imagen 1). Hay jugadores preparados para descolgarse y atacar el espacio tras recuperación y no se busca pausar cuando el contexto invita a acelerar. Esta mentalidad ofensiva explica la relevancia de la presión tras pérdida. Al atacar con muchos jugadores y ocupar zonas altas, recuperar rápido se vuelve fundamental para sostener el modelo (Imagen 2). Cuando esa presión no es efectiva y el rival consigue superarla, el equipo queda expuesto y puede conceder situaciones de peligro.

Sin balón, el comportamiento vuelve a estar muy ligado al contexto y a la capacidad de adaptación del equipo. En su etapa en Hoffenheim, Matarazzo mostró que puede ser muy agresivo en bloque alto en determinados momentos, especialmente en reinicios del rival como saques de puerta o primeras circulaciones. En esas situaciones, el equipo fue capaz de igualar prácticamente las marcas en campo rival, asumiendo riesgos y aceptando escenarios de igualdad en última línea (Imagen 1 y 2), con el objetivo de incomodar desde el inicio. En muchas secuencias, además, se observó la intención de orientar la presión hacia zonas concretas, como los costados, para a partir de ahí morder sobre el poseedor. En este tipo de escenarios, los carrileros solían situarse en alturas intermedias, preparados para saltar cuando el balón llegaba a su lado.

Cuando el contexto lo requería, el equipo también se sentía cómodo defendiendo en bloque medio, organizándose con una línea de cinco en estructuras como 5-2-3 (Imagen 1) o 5-3-2. Desde ahí, priorizaba la protección de zonas interiores y mantenía un bloque compacto, reaccionando de forma coordinada ante estímulos como un pase atrás o una circulación hacia banda (Imagen 2 y 3 - Bloque medio a bloque alto). Esa capacidad para alternar alturas defensivas sin perder coherencia vuelve a reflejar a un entrenador flexible, capaz de ajustar su comportamiento sin balón según el momento del partido.

En su etapa en Stuttgart, aunque el contexto y los perfiles eran distintos, se pudieron observar comportamientos similares sin balón. El equipo llegó a organizarse en un 4-4-2 en fase defensiva, mostrando de nuevo esa capacidad para alternar registros. Desde ahí, combinó fases de presión más alta en reinicios del rival con otras en las que se defendía en bloque medio. La activación de la presión aparecía de forma coordinada ante determinados estímulos, como un pase atrás o una circulación hacia banda (Imagen 1 y 2), repitiendo patrones de salto colectivo más allá del sistema utilizado.

Pellegrino Matarazzo llega a la Real Sociedad como un entrenador de clara vocación ofensiva, con una idea basada en progresar antes que en tener el balón por tener. Sus equipos buscan avanzar metros y jugar hacia delante siempre que el contexto lo permite, con una verticalidad marcada y una mentalidad preparada para atacar la profundidad cuando aparece la oportunidad. Su trayectoria reciente muestra a un técnico capaz de variar estructuras y registros sin perder coherencia en los principios. En la salida de balón le hemos visto trabajar con salidas de cuatro y un doble pivote muy marcado, pero también con línea de tres en determinados contextos. En ataque posicional, especialmente en Hoffenheim, fue más reconocible la construcción a partir de una línea de tres, mientras que en Stuttgart también se le vio desarrollar ataques asentados desde estructuras de línea de cuatro. A ello se suma su capacidad para ser agresivo sin balón en determinados momentos, asumiendo riesgos en bloque alto y aceptando escenarios de igualdad atrás cuando el partido lo exige. En el último tercio aparece uno de los rasgos más reconocibles de sus equipos, la ocupación del área. Tanto en Hoffenheim como en Stuttgart, los ataques se caracterizaron por llegar con muchos jugadores a zonas de remate, combinando puntas, mediocentros de segunda línea y jugadores del lado contrario, convirtiendo cada acción lateral en una amenaza real. Con estos principios como base, la llegada de Matarazzo a la Real Sociedad dibuja un punto de partida claro, un entrenador ofensivo, vertical y flexible, cuya propuesta buscará adaptarse al contexto y a los perfiles de la plantilla para seguir construyendo un equipo capaz de progresar y provocar situaciones en campo rival.

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